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Conversión energética sí, pero respetando los derechos humanos

Hay una cuestión silenciosa en esta “COP de la acción” - como se ha bautizado a la conferencia de Naciones Unidas sobre el Clima en Marruecos: y es la de los derechos humanos. Incluso, el Preámbulo monumental del Acuerdo de París, al cual ésta COP debería hacer operativo, declara claramente que “reconociendo que el cambio climático es una cuestión común de la humanidad”, las Partes deberían, cuando actúen para enfrentarlo, respetar, promover y considerar sus  obligaciones sobre los derechos humanos, el derecho a la salud, los derechos de los pueblos indígenas, de las comunidades locales y de los inmigrantes.

 

¿Pero será de verdad así? Algunas respuestas ya han sido desarrolladas por miembros activos de la llamada sociedad civil, durante el día de la COP dedicado al tema del financiamiento. Por ejemplo, Kelly Stone, miembro de Alianza por el clima y uso del suelo, da cuenta de la falla en las enormes inversiones para la producción de los biocombustibles (combustibles derivados de recursos renovables que, por lo tanto, son potencialmente reproducibles sin interrupción) inicialmente considerados como alternativas eficaces para los combustibles tradicionales. Con el tiempo se vió que no sólo la relación entre la energía necesaria para producirlos y aquella que rinden no es favorable, sino también de las consecuencias de la intensificación masiva del monocultivo para biomasa de los cuales son obtenidos los biocombustibles (granos, maíz, acelga, caña de azúcar, etc.) que han tenido un impacto devastador sobre los derechos humanos como también en el ambiente.

 

Poblaciones indígenas enteras han sido privadas de sus propias tierras (el llamado acaparamiento de tierras) y también del acceso al agua de parte de Estados o empresas (el acaparamiento de agua). Grain, una ONG internacional que apoya a pequeños agricultores y comunidades víctimas de este fenómeno, ha estimado que entre el año 2002 y el 2012 las hectáreas objeto de acaparamiento son ya cerca de 17 millones en todo el mundo. Y no se trata sólo de la pérdida de propiedad, sostiene Stone, sino también de la pérdida de identidad al interior de la comunidad ya que sus vidas giran en torno a la agricultura. Por ello, la conversión energética no puede prescindir del respeto de los derechos humanos.

 

Otra advertencia viene desde el Foro Internacional sobre Cambio Climático para las Poblaciones Indígenas que denuncia la falta de cualquier referencia a las poblaciones indígenas en las guías para las oportunidades de inversión ofrecidas por el Fondo Verde del Clima, el fondo internacional para el clima. «Los indígenas -dice Kimaren Ole Riamit (Socios para la mejora de los medios de subsistencia indígenas) son aquellas que están pagando el precio más alto del cambio climático y son excluidas de la posibilidad de tener acceso a estos fondos».

 

La transición hacia una economía sostenible, la transformación industrial y la reconversión energética sobre la cual el Acuerdo de París intenta ir, debe tener en consideración otra gran categoría de personas que de esta transición pueden salir dañados: los trabajadores.

 

La inversión en energías renovables es una gran oportunidad para crear nuevos puestos de trabajo. Un estudio de 2010 conducido por el Instituto del Milenio para la Confederación Sindical Internacional (ITUC) ha demostrado que si sólo 12 países del mundo invirtieran en los principales sectores el 2% de su PNB (producto nacional bruto), cada año por cinco años, se crearían cerca de 48 millones de puestos de trabajo. Pero, a los fines de que esta transición se realice bajo la égida de la justicia social, tendrían que respetarse los derechos de los trabajadores, sobre todo en los países en vías de desarrollo. Al mismo tiempo se necesita tutelar aquellos trabajadores y comunidades que dependen del sector de los hidrocarburos ya que sin políticas adecuadas se verían dañados.

 

“Y es de extrema importancia - remarca muchas veces Alison Tate, director de Relaciones Exteriores del ITUC - que de esta transición ninguno sea dejado fuera”.

 

Denise Battaglia

 

Traducido del italiano al español por María Luz Falivene Fernández (Argentina).